Conversando días pasados con algunos de los integrantes del taller, les recordaba el Libro de Rodolfo Tálice Vejentud humano tesoro. Lo leí hace muchos años y, lamentablemente el libro ya no lo tengo, nunca regresó de algún préstamo y, no le he encontrado en formato papel

Es un libro muy particular, porque no presenta la vejez como una etapa de decadencia, sino como una etapa de plenitud.
El médico, investigador y escritor uruguayo Rodolfo Tálice, quien vivió un siglo (1899-1999), volcó en esta obra no solo conocimientos científicos, sino también su experiencia personal, reflexiones filosóficas, anécdotas y citas sobre el envejecimiento.
El libro fue publicado originalmente en 1979 y posteriormente tuvo nuevas ediciones
El título es un juego de palabras que une "vejez" y "juventud".
Tal vez este título, juega con "Juventud, divino tesoro" que proviene del poema Canción deotoño en primavera, del poeta nicaragüense Rubén Darío, publicado en 1905 dentro del libro Cantos de vida y esperanza.
¿Recuerdan algunos de esos versos?
"Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer."
Con ese neologismo, Tálice quiere transmitir la idea de que la verdadera juventud no depende de la edad cronológica, sino de la actitud ante la vida. Una persona puede tener muchos años y conservar la curiosidad, el entusiasmo, el deseo de aprender y la capacidad de amar; de la misma manera, alguien joven puede vivir con resignación o apatía.
Por eso habla de "vejentud": una vejez que conserva el espíritu joven.
Este concepto lo acompaña de ¨humano tesoro¨, ya que para Tálice, los adultos mayores son un tesoro humano porque reúnen: experiencia; memoria histórica; conocimientos adquiridos durante toda una vida; prudencia para enfrentar los problemas; valores que pueden transmitirse a las nuevas generaciones.
Es interesante comparar ambas expresiones:
Rubén Darío habla de la juventud como un "divino tesoro" que se pierde con el tiempo.
Rodolfo Tálice, en cambio, habla de la vejentud como un "humano tesoro", sugiriendo que el verdadero tesoro puede encontrarse precisamente en la vejez, cuando la experiencia, la sabiduría y la serenidad enriquecen a la persona.
Podría decirse que Tálice establece un diálogo implícito con Darío. Mientras el poeta lamenta que la juventud se escape "para no volver", Tálice propone una mirada esperanzadora: aunque la juventud física termine, es posible conservar un espíritu joven y descubrir que la vejez también tiene un valor propio.
En ese sentido, las dos expresiones, parecen complementarse:
"Juventud, divino tesoro" celebra y añora la fuerza de los años jóvenes.
"Vejentud, humano tesoro" reivindica la riqueza de los años vividos y la sabiduría acumulada.
Es una inversión muy sugerente: donde Darío pone el acento en lo que el tiempo nos quita, Tálice lo pone en lo que el tiempo también puede darnos.
Este libro de Talice, no es un manual de geriatría ni un tratado médico. Es una obra de reflexión sobre:
el significado de envejecer;
cómo mantener una vida activa física e intelectualmente;
la importancia del humor;
la curiosidad permanente;
la amistad y los afectos;
la lectura y el aprendizaje continuo;
la aceptación del paso del tiempo sin miedo.
Tálice intenta demostrar que la longevidad puede vivirse con dignidad, alegría y sentido. Algo a lo que aspiramos cada uno de nosotros.
Quizás la enseñanza más profunda sea que la edad no determina negativamente, el valor de una persona; al contrario, puede acrecentarlo.
En una sociedad que muchas veces exalta la juventud física, Tálice propone mirar la vejez desde otra perspectiva: como la culminación de una vida de aprendizaje. El anciano no es alguien "que ya pasó", sino alguien que puede iluminar el camino de quienes vienen detrás y, que está, que existe.
Pensando la visión de estos dos autores, podría resumirse en una idea: la ¨juventud¨ es una condición del cuerpo; la "vejentud" es una condición del espíritu. Quien conserva la curiosidad, la esperanza y el deseo de seguir creciendo nunca envejece del todo.
Tal vez por esa razón, el autor llama a la vejez un "humano tesoro": porque en cada persona mayor hay una riqueza de experiencias, conocimientos y humanidad que ninguna biblioteca puede reemplazar.
Esto que acabo de escribir sin intención: ¨ en cada persona mayor hay una riqueza de experiencias, conocimientos y humanidad que ninguna biblioteca puede reemplazar¨. me acerca a una frase que mi hermano me comentó una vez: " En Africa, cuando un anciano muere,una biblioteca arde". Ambas expresan que los mayores representan un patrimonio cultural y humano que no debería desperdiciarse.
Lamento tanto que en nuestro país y en nuestro departamento de manera especial eso no se entiende, ni se considera.
Obviamente, la comparación entre un adulto mayor y una biblioteca no se refiere a los libros físicos, sino al conocimiento acumulado durante toda una vida.
Cada adulto mayor puede conservar:
historias familiares y comunitarias;
tradiciones y costumbres;
lenguas y expresiones locales;
conocimientos sobre agricultura, medicina tradicional o el entorno;
experiencias sobre conflictos, reconciliaciones y formas de convivencia.
En muchas sociedades donde la transmisión del conocimiento ha sido principalmente oral, los mayores cumplen el papel de archivos vivientes. Cuando uno de ellos muere sin haber compartido ese saber, se pierde una parte irrepetible de la memoria colectiva.
La imagen de una biblioteca que arde es especialmente impactante porque un incendio destruye información que puede ser imposible de recuperar. La frase sugiere que la muerte de un anciano puede implicar una pérdida similar: desaparecen relatos, enseñanzas y perspectivas únicas.
No significa que todo el conocimiento desaparezca, sino que hay una parte de él que era exclusiva de esa persona.
¿No les ha pasado que cuando fallece algún miembro de edad avanzada en una familia sienten que se fue el referente, aquel al que le podíamos preguntar todo de la familia?
Aunque la frase hace referencia a África, su significado puede aplicarse a cualquier cultura. En todas las sociedades, las personas mayores suelen ser portadoras de experiencias que no aparecen en libros, bases de datos o internet:
la historia de una familia;
las transformaciones de una comunidad;
las lecciones aprendidas a lo largo de décadas;
formas de resolver problemas que nacen de la experiencia.
los sentimientos y emociones de cada momento
Por eso, la frase también invita a valorar el diálogo entre generaciones y a documentar los recuerdos y conocimientos antes de que se pierdan.
Hoy disponemos de herramientas para grabar entrevistas, escribir memorias y preservar documentos digitales. Sin embargo, la frase sigue siendo relevante porque no todo el conocimiento puede registrarse completamente. La manera en que alguien interpreta un acontecimiento, cuenta una historia o transmite una enseñanza también forma parte de ese patrimonio humano. En ese sentido, la metáfora recuerda que las personas son mucho más que individuos: también son depositarias de memoria, cultura eidentidad. Cuando una de ellas desaparece, no solo se pierde una vida, sino también una parte del conocimiento que hacía única a una comunidad.
Como verán este es un tema desde siempre, con la diferencia que antes, en nuestras sociedades se valoraba y ponderaba al adulto mayor, hoy en día no es así.
Muchos escritores han dedicado tiempo y experiencia a este tema pero, en general todo queda en lo escrito, en frases reconocidas que se usan ocasionalmente.
Jorge Luis Borges, por ejemplo, abordó la vejez con una mirada mucho más compleja que la simple nostalgia.
Uno de sus textos más conocidos es el poema Elogio de la sombra (1969). Allí escribe desde la experiencia de un hombre mayor y casi ciego. Sin idealizar la vejez, descubre que también tiene sus dones. Dice: "La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha." Es una afirmación sorprendente, porque desafía la idea de que la felicidad pertenece solo a la juventud. Para Borges, la vejez puede traer una libertad distinta: ya no es necesario perseguir ciertas ambiciones ni vivir pendiente de la aprobación ajena. Queda espacio para la contemplación, la lectura, la memoria y el pensamiento.
También escribe: "He llegado a mi centro, a mi álgebra y mi clave "Con ello sugiere que los años permiten acercarse a la propia identidad, comprender mejor quién se es y qué ha tenido verdadero valor en la vida.
Este tema da para mucho. Seguiremos conversando.
Un abrazo
Taller Abrazando la vida¨
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