Mientras la población mundial envejece a un ritmo sin precedentes, más de un centenar de países se reunieron en Ámsterdam para debatir uno de los mayores desafíos del siglo XXI: cómo lograr que las personas no solo vivan más años, sino que vivan mejor.

Del 5 al 8 de julio, la capital de los Países Bajos fue sede del 23.º Congreso MundialdeGerontología y Geriatría, organizado por (IAGG) bajo el lema "Ageing Well in a Globalized World" ("Envejecer bien en un mundo globalizado"). El encuentro convocó a investigadores, médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, responsables de políticas públicas y organizaciones dedicadas al bienestar de las personas mayores de todos los continentes.
Lejos de centrarse únicamente en las enfermedades asociadas al envejecimiento, el congreso dejó un mensaje claro: la longevidad representa una enorme oportunidad para las sociedades, siempre que se planifique con inteligencia.
La Asociación Internacional de Geriatría y Gerontología (IAGG) que, como ya adelantáramos, es la organización científica internacional más importante dedicada al estudio del envejecimiento, fue fundada en 1950, pocos años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a observarse un aumento sostenido de la esperanza de vida en numerosos países. En sus comienzos reunió a un pequeño grupo de sociedades científicas interesadas en comprender el proceso de envejecer desde distintas disciplinas.
Con el paso de las décadas la institución fue creciendo hasta convertirse en una red mundial integrada por sociedades científicas de más de setenta países y decenas de miles de profesionales dedicados a la investigación, la medicina geriátrica, la psicología, la enfermería, la rehabilitación, las ciencias sociales y las políticas públicas.
La IAGG mantiene además un estrecho vínculo de cooperación con organismos internacionales como las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, participando en iniciativas destinadas a promover el envejecimiento saludable y combatir la discriminación por edad.
Durante buena parte del siglo XX la medicina se concentró en aumentar la expectativa de vida. Hoy el desafío es diferente.
Los especialistas reunidos en Ámsterdam coincidieron en que el verdadero objetivo consiste en incrementar los años vividos con buena salud, autonomía y participación social. En otras palabras, no alcanza con sumar años a la vida; es necesario sumar vida a esos años.
Sin duda somos testigos de un gran cambio de paradigma. Este cambio de enfoque atraviesa prácticamente todas las investigaciones actuales sobre envejecimiento.
El Congreso estuvo atravesado por cinco ejes fundamentales:
1. La prevención comienza mucho antes de la vejez
Uno de los mensajes más repetidos fue que el envejecimiento saludable no empieza a los 65 o 70 años. Se construye desde la juventud mediante hábitos saludables, actividad física regular, alimentación equilibrada, sueño adecuado, control de enfermedades crónicas y estimulación intelectual.
Los especialistas señalaron que muchas discapacidades asociadas al envejecimiento pueden retrasarse o incluso prevenirse.
Sobre este punto, siempre conversamos en el Taller que tenemos la responsabilidad de alertar, de avisar a los más jóvenes de cuidar sus hábitos en general y vivir de manera más saludable. Y, esto se habló en este Congreso.
Los especialistas hablaron del concepto de "curso de vida", que entiende el envejecimiento como el resultado de miles de pequeñas decisiones acumuladas a lo largo de las décadas. En este sentido, varios expertos expresaron su preocupación por los hábitos de las nuevas generaciones. Los niños pasan cada vez más horas frente a pantallas y menos tiempo jugando al aire libre. La actividad física ha disminuido notablemente, mientras aumenta el consumo de alimentos ultra procesados, bebidas azucaradas y comidas con exceso de grasas, sal y azúcares.
La consecuencia ya está a la vista: aumentan la obesidad infantil, la diabetes tipo 2 en edades tempranas, la hipertensión y otros factores de riesgo que hace apenas unas décadas eran poco frecuentes en la infancia.
Lo preocupante es que estos problemas no terminan en la adolescencia. Numerosas investigaciones muestran que un niño sedentario y con sobrepeso tiene mayores probabilidades de convertirse en un adulto con enfermedades cardiovasculares, deterioro funcional y menor calidad de vida en la vejez. Por eso, los especialistas insistieron en que promover hábitos saludables en la infancia es una de las inversiones más importantes que puede hacer una sociedad. No se trata solamente de evitar enfermedades en el presente, sino de construir adultos mayores más fuertes, autónomos y con mejor calidad de vida dentro de cincuenta o sesenta años.
2. La tecnología será una gran aliada
La inteligencia artificial, la telemedicina, los sensores inteligentes instalados en los hogares y los dispositivos capaces de detectar caídas o cambios en la salud fueron algunos de los desarrollos más comentados.
El objetivo no es reemplazar el cuidado humano, sino permitir que las personas mayores conserven su independencia durante más tiempo y puedan permanecer en sus hogares con mayor seguridad.
Nos parece fundamental que no se sustituya lo humano por lo artificial, también sabemos que muchas veces a las familias se les torna imposible acompañar a los adultos mayores pero, siempre alternativas.
3. Combatir la soledad es una prioridad sanitaria
Cada vez existe más evidencia de que el aislamiento social afecta la salud física y mental. Diversos estudios presentados en el Congreso muestran que la falta de vínculos incrementa el riesgo de depresión, deterioro cognitivo e incluso enfermedades cardiovasculares.
Uno de los temas que ocupó un lugar central en el Congreso fue la llamada epidemia silenciosa de la soledad. Los especialistas coincidieron en que el aislamiento social no es simplemente una experiencia emocional desagradable, sino un factor que puede afectar profundamente la salud física, mental y cognitiva.
Diversas investigaciones presentadas durante el encuentro mostraron que las personas mayores que viven aisladas tienen un mayor riesgo de desarrollar depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares e incluso una mortalidad más elevada. La falta de relaciones significativas también puede dificultar la detección temprana de problemas de salud, ya que muchas veces no hay familiares, vecinos o amigos que adviertan cambios en el estado físico o emocional.
Durante el Congreso se compartieron experiencias de distintos países que impulsan programas comunitarios para mantener activas a las personas mayores. Algunos sistemas de salud también están incorporando la denominada "prescripción social", una estrategia mediante la cual los profesionales sanitarios, además de indicar medicamentos cuando son necesarios, pueden derivar a las personas hacia actividades comunitarias, grupos de caminata, coros, talleres de arte, huertas comunitarias o espacios de voluntariado. La evidencia muestra que fortalecer los vínculos sociales puede mejorar el bienestar, favorecer la autonomía y reducir la utilización de servicios sanitarios.
Los expertos destacaron además que el urbanismo desempeña un papel fundamental. Barrios con plazas accesibles, transporte público adecuado, bancos para descansar, buena iluminación y espacios de encuentro favorecen la interacción cotidiana y ayudan a prevenir el aislamiento.
El mensaje que surgió del Congreso fue contundente: combatir la soledad no es solo una responsabilidad de las familias, sino un compromiso de toda la sociedad. Las políticas públicas, las organizaciones comunitarias y los sistemas de salud tienen un papel decisivo para crear entornos donde las personas mayores puedan mantener vínculos, participar activamente y sentirse parte de la comunidad.
En definitiva, promover el envejecimiento saludable también implica construir sociedades donde nadie envejezca en soledad.
4. Las ciudades deben adaptarse
Otro de los grandes debates giró en torno al diseño urbano.
Veredas accesibles, transporte público amigable, espacios verdes seguros, viviendas adaptadas y servicios cercanos permiten que los adultos mayores mantengan una vida independiente durante más tiempo.
La planificación urbana comienza a verse como una herramienta de promoción de la salud.
5. El edadismo sigue siendo un obstáculo
Uno de los conceptos más repetidos fue el de edadismo, es decir, la discriminación basada exclusivamente en la edad. Los especialistas advirtieron que todavía persisten prejuicios que consideran a todas las personas mayores como frágiles, improductivas o dependientes. Sin embargo, la realidad demuestra exactamente lo contrario: millones de personas continúan trabajando, estudiando, emprendiendo, haciendo deporte, cuidando nietos, realizando voluntariado y participando activamente en la sociedad.
A la luz de todo lo dicho creemos que la principal conclusión del Congreso sea que la tercera edad ya no puede definirse únicamente por la cantidad de años vividos. Hoy existen personas de 90 años y más. con un nivel de autonomía y actividad que hace apenas unas décadas resultaba excepcional. La medicina, la nutrición, la educación, la tecnología y las mejores condiciones de vida están modificando profundamente el concepto tradicional de envejecimiento.
Ante estos hechos, los expertos sostienen que las sociedades deberán adaptarse a esta nueva realidad mediante sistemas sanitarios más preventivos, ciudades inclusivas y políticas públicas que favorezcan la participación activa de las personas mayores.
Sabido es que las proyecciones demográficas indican que en las próximas décadas el número de personas mayores continuará creciendo en todo el mundo.
Lejos de representar únicamente un desafío económico o sanitario, esta transformación también constituye una oportunidad para aprovechar la experiencia, el conocimiento y el aporte social de una generación que vive más tiempo y con mejores condiciones de salud.
El mensaje que dejó el Congreso Mundial de Gerontología y Geriatría es tan simple como profundo: el futuro no consiste solamente en prolongar la vida, sino en construir una sociedad donde cada año adicional pueda vivirse con dignidad, autonomía, salud y participación. Ese es, probablemente, el mayor reto del siglo XXI.
Por eso es que desde lugar lo estamos haciendo, aportamos una gota en una sociedad que aún no se ha dado cuenta, o no le interesa.
Miremos que lejos está San José y nuestro país de todo esto.
Abrazo.
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