Nuestro Taller, el último jueves de cada mes, abre las puertas e invita a diferentes adultos mayores. Al comienzo, el año pasado, para el primer Taller invitamos a personas del Ice, del Colegio de Huerto, del Espacio del Adulto Mayor del Parque, de Unama. De la Casa del Jubilado, a otros Abuelos del Colegio y de otras instituciones más.

También algunos de los participantes de nuestro Taller invitaron a algún amigo o familiar, siempre con la condición de ser Adulto Mayor.
Si bien la respuesta de personas fue buena hubo instituciones que lamentablemente no pudieron mandar a nadie.
Al día de hoy tenemos una lista de más de treinta personas, exactamente treinta y siete a las que enviamos invitación cada Jueves y, que suelen acercarse, cuando el tiempo, la salud, la familia u otra condición se los permite.
El Jueves 25 de Junio tuvimos el Segundo Taller Abierto de este año. En su preparación, pusimos el cariño y la responsabilidad con que siempre abordamos cada encuentro, pretendiendo que cada uno de nosotros pasemos bien.
Luego que ¨los invitados¨, se fueron con una sonrisa pintada en los labios y apretados abrazos que a todos nos reconfortaron, quedamos nosotros, los dueños de casa con una sensación hermosa que nos provocaba una enorme satisfacción y alegría.
Cuánto más grande es esa alegría al recibir hoy, Sábado 27 de Junio esta carta que compartimos con ustedes.
Hola:
El jueves pasé muy bien en el encuentro y agradezco haber podido ser invitada. Realmente espero la llegada del último jueves del mes.
Otra vez sentí la importancia de juntarme, de compartir con personas de mi edad.
Juntarse es escuchar, compartir experiencias, reírse juntos, eso fortalece el alma, además el que se aísla, se apaga, el que comparte se enciende. Las horas estando sola pasan lento, juntos vuelan.
El jueves fue una tarde muy especial, me pregunto ¿¿¿ debido a qué???
No tengo la respuesta, Simplemente no sé
Entonces intenté analizar esa tarde:
El beneficio de estar en grupo: nos hace bien ya que mantenemos la mente activa charlando, contando anécdotas, jugando.
Me aleja de la soledad. Allí sin buscar o esperar que alguien llegue, encontramos con quien compartir recuerdos y hacer memoria juntos. Todo ello me hizo sentir importante, considerada.
Desde que llegué me sentí cuidada, como si estuvieran todos felices de mi llegada, eso reconforta.
Al entrar me recibieron con un abrazo y me dieron la bienvenida felicitándome por haberme animado a llegar con el frío intenso de la tarde. Aclaro algo, ya que hacía mucho frío y el viento se hacía sentir, todo lo que me llevó a dudar de ir o no. Me esperaban en la entrada, no a mí, sino a cada uno de los participantes con un sol, amarillo, celeste y blanco (aludiendo a la celeste), que alguien ha tejido con cariño y esperanza,
Te abrazan, te acompañan al salón donde se desarrolla la actividad y, ahí, otra vez, dos de las organizadoras, a medida que entrábamos nos entregaban una tarjetita, también hecha y escrita a mano, con un mensaje muy alentador.
El ambiente es agradable, la temperatura confortable y parece que todos nos conocemos desde siempre.
Quiero que sepan que ese día por algo que aún no llego a determinar, para mí, el Taller apuntó especialmente al corazón. Me sentí parte de algo, me sentí una persona importante, fui escuchada, atendida. Casi sin conocerme, ”alguien pensó en mí”
Hablé con muchas personas a las que no conocía pero que me fueron dando su pensar, su sentimiento, como amigos de siempre y yo hice lo mismo.
Les cuento algo, cuando hablé de a dos nos tocó una tarjeta con la palabra Inseguridades y, dije cosas que nunca he podido hablar con mi familia, Fue como que largué una carga tremenda. Esa noche dormí mejor, seguramente porque me saqué un peso, de encima y me sentí escuchada por mi ocasional compañera de charla.
En el Taller: “Abrazando la vida” te escuchan de verdad, ya que todos vivimos experiencias parecidas, así que nadie dice, ni piensa: eso es exagerado, estas diciendo un disparate o dejá de pensar pavadas.
Te sentís útil, contar tu experiencia, te dan un consejo, te animas a dar otro dar te escuchan con atención y podés , escuchar a otro.. En mi vida esto suma y suma mucho.
Volvés a ser parte de algo, de alguien, de un grupo.
Tenés una red de apoyo.
Sos parte de…..
Como si fuera poco, para ir te arreglas, unos más que otros, todo pasa por bañarme, a veces pintarme, ponerme alguna joya o simplemente pensar: ”qué me pongo” Eso no es menor, mi preparación comenzó mucho antes de la hora de la cita.
Pero quiero contarles del taller en particular, un momento muy, muy especial fue cuando cada uno de nosotros sacó una pregunta que debía responder.
Especialmente recuerdo una de ellas que me emocionó muchísimo, una respuesta que definía a una persona, una persona que desnudó su alma con personas que no éramos tan conocidas, ni teníamos tanta confianza.
También me despertó recuerdos otra que preguntaba cómo fue tu niñez, que recuerdas de ella. A veces quiero hablar de estas cosas con otros y me dicen eso fue en otra época.
Por supuesto que fue otra época, pero fue mi época.
Me calentó el corazón esos ratitos de charlas mano a mano, con conocidos y con los que no eran y ahora lo son.
Por último como si fuera poco, se nos invita para una deliciosa merienda y, se hace un sorteo. En este caso un participante se llevó un portarretrato, otra una manopla y otras dos una libretita artesanal que obviamente la hace los organizadores.
Una tarde completa y maravillosa.
Gracias a todos.
No les pongo mi nombre porque me da un poco de vergüenza haber dicho todo esto pero, me salió del corazón
GRACIAS.
Los agradecidos somos nosotros, porque nos llenaste de satisfacción y reafirmaste lo que pensamos y sentimos: cada adulto mayor, es un ser importante, es una historia viva.
En sus años habitan experiencias, aprendizajes, alegrías, desafíos y una sabiduría que enriquece a quienes tienen el privilegio de escucharla. Su vida merece ser reconocida, valorada y celebrada.
Con el paso del tiempo, las necesidades cambian, pero hay algo que nunca deja de ser esencial: sentirse visto, escuchado y querido. Un adulto mayor necesita saber que sigue siendo importante, que su opinión cuenta, que su presencia tiene valor y que continúa ocupando un lugar fundamental en su familia y en la sociedad.
A veces se cree que atender a un adulto mayor, no significa únicamente cubrir sus necesidades físicas. También implica comprender sus emociones, respetar sus tiempos, escuchar sus recuerdos, acompañar sus silencios y brindarles la tranquilidad de saber que no están solos.
Sentirse entendido l devuelve confianza; sentirse atendidos brinda seguridad; sentirse importantes devuelve la alegría de vivir.
Desde un lugar mínimo para el universo social, eso es lo que queremos hacer, sentir, vivir, cada jueves.
Sabemos que esto, para la sociedad en general no es muy interesante. Resulta doloroso reconocer que, en muchos espacios, los adultos mayores son tratados como si hubieran perdido valor. Con frecuencia se les habla con condescendencia, se toman decisiones por ellos sin consultarlos o se los considera una carga. Sin embargo, este trato no nace de una realidad objetiva sobre la vejez, sino de prejuicios profundamente arraigados en nuestra sociedad y en nuestro San José también.
Otro problema, es el llamado edadismo: la discriminación basada en la edad. Este fenómeno lleva a asumir, sin conocer a la persona, que alguien mayor es incapaz de aprender, de decidir, de trabajar, de adaptarse, de aportar algo útil o comprender el mundo actual. Estos prejuicios limitan oportunidades y afectan la autoestima de quienes los sufren.
Nosotros, en nuestro Taller, entendemos que una sociedad también se mide por la forma en que cuida a quienes construyeron su presente. Ofrecer tiempo, afecto, paciencia y respeto no es un acto de caridad, sino de gratitud y justicia.
Envejecer no disminuye el valor de una persona. Lo que disminuye es la humanidad de una sociedad cuando deja de reconocer ese valor. El verdadero progreso no consiste solo en avanzar hacia el futuro, sino también en honrar a quienes hicieron posible el presente. La dignidad no tiene fecha de vencimiento, y el respeto tampoco debería tener edad.
Porque detrás de cada arruga hay una historia; detrás de cada mirada, un universo de vivencias; y detrás de cada adulto mayor, una persona que sigue necesitando amor, compañía y reconocimiento.
Cuidarlos es honrar su vida. Escucharlos es valorar su legado. Hacerlos sentir importantes es recordarles, cada día, que nunca dejan de ser indispensables para quienes los aman.
También es reflexionar que el tiempo pasa para todos de manera inexorable.
Nuestro Taller es un lugar donde la voz del Adulto Mayor se escucha y se valora.
Nos importan.
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