La vida está llena de canciones y las canciones están llenas de vida. Hay generaciones para las que ciertas letras y melodías fueron un soporte vital y emocional; la contención cuando nada parecía sostenerlas; una razón para seguir luchando; una inspiración para crear y creer en un mundo hostil. Garo Arakelian viene de ahí: “fueron tiempos de aflicción pero al año armé mi primera banda de rock. Y a ese temor de no servir para nada, mi guitarra se hizo fuerte y respondió”, dice uno de los temas que cantó en su reencuentro con el público maragato después de 10 años. Fue el sábado en una Sala “Sienra” colmada. Un concierto en formato íntimo -acompañado por el guitarrista Sebastián Peralta- donde Garo atravesó sus dos discos solistas (“Un mundo sin gloria”, “Milonga de Quirón”) y tuvo guiños a la obra de Dino y sus años con “La Trampa”. Una noche en la que cantó con el corazón en la garganta y recordó -por si hacía falta- que para hacer historia y canciones, hay que haber vivido.

Nada mejor que cantar de corazón para llegar a los corazones. “Hay muchas canciones y a ustedes les gustan las tristes”, dijo con algo de humor ante un público dispuesto a ir al fondo de la emoción con sus letras y melodías; esas canciones que duelen como heridas abiertas y provienen de su debut discográfico, “Un mundo sin gloria”. Algunos de los personajes trágicos femeninos de aquella obra, regresaron el sábado con la misma crudeza y urgencia de 2012, cuando el autor introdujo las historias sobre violencia de género en la canción popular, mucho antes que se instalara el concepto de femicidio en la agenda pública. “Andes 1206” (que narra las horas finales de la poeta Delmira Agustina, asesinada por su ex marido) o “Dientes de león” (un relato estremecedor sobre la muerte de María, víctima de una relación violenta) tuvieron nuevamente un efecto arrollador en la sensibilidad de la gente que colmó la Sala “Rafael Sienra” del Macció. Dejando a los espectadores con el alma en estado de alerta, Garo Arakelián puso fin a una espera de 10 años (su último concierto en San José había sido en 2016 en el ECIE). Conquistando el silencio y la atención que se le tributa al viejo sabio que canta y cuenta todo lo que vivió o vio alrededor de un fogón, fue atravesando su producción solista hasta llegar a “Milonga de Quirón”, álbum editado en 2025 donde reafirma su condición de trovador urbano, de cronista de la peripecia del Hombre. A falta de unas condiciones vocales óptimas (reconoció estar afectado de la voz), entregó algo mejor que una técnica depurada: cantó con el corazón en la garganta.
Acompañado por la guitarra eléctrica de Santiago Peralta (muy sutil y climática), también se permitió guiños a Gastón Ciarlo, “Dino” (una de sus mayores influencias) y a los tiempos con su banda histórica, “La Trampa” (hubo versiones de “Las décimas” y “Shangrilá”).
El sábado (abierto por Jo C Lowis como artista invitado; toda una revelación) Garo vino a recordarnos que la vida está llena de canciones y que las canciones están llenas de vida: “¿quieren que les cuente la historia de esta canción?”.
Es que el cantautor sabe que hay generaciones para las que esas letras y melodías fueron un soporte vital y emocional; la contención cuando nada parecía sostenerlas; una razón para seguir luchando; una inspiración para crear y creer en un mundo hostil: “mi autoestima se hizo polvo, fueron tiempos de aflicción pero al año armé mi primera banda de rock. Y a ese temor de no servir para nada mi guitarra se hizo fuerte y respondió”, dice en “No voy a caer”, uno de sus temas más recientes donde confiesa cómo pudo enfrentar sus miedos adolescentes. Un escudo que –a sus 60 años- lo sigue protegiendo cuando sus fuerzas flaquean: “pasaron los ‘90, cambió el siglo, envejecí, perdí sueños, perdí empleos, perdí la fe en mí. Casi a punto de bajar los brazos toda mi vida cambió, tenés que ver la fuerza que te da el amor. Cuando tus huesos dicen: ¡ya no puedo más! Tenés que ver la fuerza que el amor te da, ¡mirá cómo yo sigo acá de pie, mamá! Tenés que ver la fuerza que el amor te da. No voy a caer jamás rendido ante mis miedos, voy a abrazarme romántico, adolescente, a mi rabia y mi luz”.
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