Tanto conocimos a la poeta pero tan poco a la mujer. Tanto la leímos pero tan poco la comprendimos. Tanto supimos de su literatura pero tan poco de su sufrimiento. “Juana de América” es el premiado unipersonal que descorre el velo y va más allá de su obra en busca de conocer su vida. La actriz Carolina Rodríguez se pone en la piel y el alma de Juana de Ibarbourou (1892-1979) para contar lo que nadie contó, para mostrar lo que no supimos (pudimos o quisimos) ver acerca de una de las autoras más leídas y reconocidas de la literatura uruguaya; un símbolo de la cultura nacional cuyo rostro figura –desde la década del ‘90- en los billetes de 1.000 pesos. “Juana de América” se presenta el domingo a las 19:30 horas en el Teatro Macció.

Plasmó versos tales como “mi vida es de tu vida tributaria, ya te parezca tumulto, o solitaria, como una sola flor desesperada”. Es la escritora uruguaya que tanto leímos y la mujer que tan poco conocimos. “Juana de América” es el premiado unipersonal que descorre el velo y no se detiene –únicamente- en lo que escribió sino que se adentra en cómo vivió una de las autoras más influyente de las letras hispanoamericanas. El premiado unipersonal (apto para mayores de 12 años) llega este domingo –a las 19:30 horas-al Teatro Macció. Las entradas generales tienen un valor de 500 pesos y se venden a través de “Tickantel”, en locales de “Red Pagos” y “Abitab” y en boletería de la sala.
Carolina Rodríguez se pone en la piel y el alma de quien escribió “me verás reír viéndome sufrir. Y tú llorarás. Y entonces... ¡más mío que nunca serás!”. La actriz propone una experiencia escénica que “entrelaza música, poesía y teatro”. Tras haber conocido tanto a la poeta pero tan poco a la mujer; tras haber sido tan leída pero tan poco comprendida; tras saber tanto de su literatura pero tan poco de su sufrimiento, “Juana de América” descorre el velo para revelarnos que fue víctima de violencia de género de manera sistemática y prolongada por parte de su esposo, Lucas Ibarbourou, y posteriormente de su único hijo, Julio César. El maltrato marcó la oculta y trágica vida de Juana de Ibarbourou (1892-1979), realidad que contrasta profundamente con la imagen idílica y triunfal que proyectaba al público.
Mientras le daba cuerpo a una obra poética que –desde un tono confesional- celebra la naturaleza, el amor y la vida, su pareja la violentaba –física y psicológicamente- sometiéndola a un régimen de control, reclusión en su hogar y hostigamiento; situación que se agravó y perduró con su hijo debido a la dependencia económica y emocional, sumada a sus problemas de adicción y conductas agresivas.
Para evadirse Juana se refugió en el consumo problemático de calmantes; desarrolló una severa adicción a la morfina; se encerró y escribió sin parar para anestesiar su dolor. Juana incursionó en el vanguardismo, el surrealismo y el misticismo. En 1959 se le otorgó el Gran Premio Nacional de Literatura de Uruguay y ese mismo año fue propuesta para el Nobel.
Entre sus libros más célebres figuran clásicos tempranos llenos de vitalidad como “Las lenguas de diamante” (1919) y “Raíz salvaje” (1922) y títulos más maduros y reflexivos como “Perdida” (1950) y “La pasajera” (1967).
Teatro revelador “Juana de América” pone en evidencia “su arte, las dificultades que tuvo para escribir por ser mujer y la violencia de género que sufrió”. Propone al público “un viaje escénico que entrelaza música, poesía y teatro para dar vida a una de las referentes más icónicas de nuestra literatura”. El unipersonal es protagonizado por Carolina Rodríguez y dirigido por Pablo Dive.
La obra fue coescrita por ambos y procura “visibilizar su historia y escritura”. Es una poesía coreográfica en cuerpo y voz donde pasan mil historias por su historia.
En 2026 “Juana de América” ganó el Premio Florencio a “Mejor Actriz de Unipersonal” y estuvo nominada a “Mejor Texto de Autor Nacional”.
Obra visible y vida oculta La suya fue una vida poética intensa y de sufrimiento escondido. Nacida como Juana Fernández Morales en Melo, un 8 de marzo de 1892, fue una de las poetas latinoamericanas más influyentes, reconocidas y queridas del siglo XX. Su lírica fue inicialmente vitalista y sensual y se tornó cada vez más profunda e introspectiva al indagar sobre el amor, la naturaleza y la mortalidad.
El 10 de agosto de 1929 fue nombrada “Juana de América”, título concedido por el célebre poeta y orador uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, durante un homenaje oficial celebrado en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo en Montevideo.
Para Juana la literatura fue un refugio. La escritora soportó su dolor recluida y en silencio, encontrando en la creación poética su única vía de escape frente a un mundo doméstico violento y hostil.
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