
Qué poco nos gusta acatar las normas, sobre todo en el tema tránsito. Ahora el diputado cabildante Álvaro Perrone vuelve a reflotar el tema, pidiendo que se baje el monto de las multas, apoyándose en el aspecto “recaudador” de estos sistemas.
Dos cosas que a mi entender son claves y que han estado incluidas en la discusión, como mucho, lateralmente.
En primer lugar ningún radar tiene como finalidad recaudar dinero: si uno al conducir respeta lo que señala el cartel de velocidad máxima, es imposible que el radar “le saque dinero”. Y en eso vale tomar en cuenta el caso de cientos de conductores que han pasado en innumerables ocasiones por los radares y nunca han sufrido una multa, simplemente por acatar la velocidad que está señalizada.
Por otro lado, resulta fundamental tomar en cuenta que reducir la velocidad tiene como finalidad la seguridad del conductor. Es decir que ese elemento tan señalado, como recaudador o como si su función fuera hacernos demorar más en la ruta, tiene como objetivo central que usted, a la hora de hacer un viaje en ruta, lo haga con mayor seguridad. O en el caso de los radares que pasan por los pueblos, que los habitantes de esa localidad no tengan vehículos atravesando los centros poblados a 100 kilómetros por hora, y que lo hagan, al menos en ese tramo, a una velocidad razonable en comparación a cómo se moviliza la gente en el pueblo.
Nos interpela como sociedad y habla a las claras de cómo ordenamos las prioridades.
Primero me preocupa cuánto dinero me saca (dando por entendido que voy a desobeceder la regla de velocidad máxima), luego viene la problemática de cuánto más me hace demorar en llegar a donde quiero ir, y por allá lejos, reparamos en el hecho de que la herramienta apunta a reducir la velocidad nada más ni nada menos, que por nuestra seguridad.
Se nos viene a la menta aquella política de Sergio Botana en la Intendencia de Cerro Largo, en contra totalmente del uso del casco protector por parte de motociclistas. Es tan insólito como eso.
Tal vez si no fallecieran casi 500 personas o tuviéramos casi 30 mil lesionados al año, lo tomaríamos distinto el tema. Mientras el panorama sea este, seguro que no.
Volviendo a los radares, veremos que pasa en Senadores. Por lo pronto, y de nuestra parte, rechazo absoluto a toda iniciativa que apunte al “afloje” de las medidas para mejorar (ya sea mucho o poco) la seguridad en el tránsito.
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