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Ser un adulto mayor activo es mucho más que mantenerse ocupado

Se nos ocurrió este título para la entrega de hoy, ya que cuando hablamos de un adulto mayor activo, no nos referimos a alguien que está ocupado todo el día o que hace ejercicio de manera intensa. Ser activo significa seguir participando de la vida, mantener la curiosidad, cuidar la salud, cultivar vínculos y encontrar espacios para hacer lo que da bienestar y sentido a nuestros días. Es también darnos un permiso para no hacer nada y sin culpa.

Por Taller Abrazando la Vida•8 de julio de 2026, 18:54•5 min de lectura
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Ser un adulto mayor activo es mucho más que mantenerse ocupado
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Todos somos diferentes, todos tenemos expectativas distintas, por lo que hay quienes empiezan el día con un buen desayuno, otros con algo livianos. Hay quienes disfrutan de un taller de pintura, de clases de baile o de aprender a usar nuevas tecnologías para estar más cerca de los gustos de los nietos.

También están quienes hacen voluntariado, cuidan una huerta, participan en un centro de jubilados, leen, juegan al ajedrez con amigos o simplemente se reúnen a compartir un mate y una charla. Todas esas actividades ayudan a mantenerse física, mental y socialmente activos.

Entendemos que en realidad todo esto cuenta y mucho para ser una adulto activo pero, ser un adulto mayor activo también implica animarse a seguir aprendiendo, adaptarse a los cambios y conservar la autonomía en la medida de lo posible. No importa la edad ni el ritmo de cada persona: cada pequeño paso cuenta.

Lo importante es encontrar actividades que generen disfrute, fortalezcan los vínculos y permitan seguir siendo protagonista de la propia vida.

Sabemos que el envejecimiento activo no tiene una única receta. Cada persona lo vive de una manera diferente, pero todas deberíamos compartir algo en común: demostrar que en esta etapa de la vida todavía hay mucho por descubrir, aportar y disfrutar. Descubrirlo desde uno mismo y que los descubran o lo perciban los demás.

Creo que también es responsabilidad de nosotros cambiar la mirada despectiva que la sociedad tiene sobre el adulto mayor.

Creemos que desde hace un tiempo atrás, la vejez estuvo asociada a la enfermedad, la dependencia y el aislamiento. Sin embargo, la realidad demuestra que llegar a la tercera edad no significa dejar de vivir plenamente. Hoy sabemos que ser un adulto mayor activo implica mucho más que mantenerse ocupado: es conservar el deseo de participar, aprender, compartir y seguir construyendo una vida con sentido, características que no suelen verse en nuestra sociedad.

Uno de los mitos más comunes es creer que las personas mayores ya no pueden aprender cosas nuevas. La experiencia demuestra exactamente lo contrario. Cada vez son más quienes se animan a estudiar un idioma, realizar cursos, aprender informática, utilizar redes sociales o descubrir nuevos hobbies. El cerebro mantiene su capacidad de aprender durante toda la vida, especialmente cuando se lo estimula con desafíos y experiencias nuevas. El problema para el adulto mayor es creer que esos dichos son verdades.

Quizás otro de los mitos más injustos sobre la vejez es creer que los adultos mayores estamos simplemente "esperando la carroza", como suele decirse popularmente. Esa mirada reduce toda una etapa de la vida a la pasividad, la dependencia y la resignación, cuando la realidad demuestra algo muy diferente.

Hoy, miles de personas mayores siguen haciendo planes, aprendiendo cosas nuevas, viajando, practicando deportes, iniciando emprendimientos, participando en actividades culturales, compartiendo tiempo con amigos y familia. Muchas descubren en esta etapa la oportunidad de retomar pasiones que habían quedado postergadas durante años por las responsabilidades laborales o la crianza de los hijos.

Lejos de ser una etapa de espera, la vejez puede convertirse en un tiempo de nuevas oportunidades. La jubilación, por ejemplo, no representa el final de una vida activa, sino el comienzo de una etapa con mayor libertad para elegir cómo ocupar el tiempo y desarrollar proyectos personales.

Asociar la vejez únicamente con el deterioro es desconocer que las personas mayores continuamos siendo protagonistas de nuestras propias historias. Tenemos opiniones, sueños, desafíos y mucho para aportar a nuestras familias y a la comunidad. Envejecer no significa dejar de vivir; significa vivir una nueva etapa con experiencias, conocimientos y una perspectiva que solo los años pueden brindar.

Más que esperar el paso del tiempo, muchos adultos mayores hoy elegimos aprovecharlo. Y ese cambio de mirada es fundamental para construir una sociedad que valore el envejecimiento como una etapa de plenitud, participación y derechos, y no como el cierre de la vida.

También existe, de manera arraigada la idea de que las personas mayores prefieren estar solas o que ya no necesitan una vida social activa. Nada más alejado de la realidad. Mantener vínculos con familiares, amigos, vecinos o participar en clubes, centros de jubilados, talleres o actividades comunitarias fortalece la autoestima, reduce el riesgo de depresión y genera un sentimiento de pertenencia que resulta fundamental para el bienestar.

Nosotros somos un ejemplo de eso.

Sabido es que a cualquier edad necesitamos sentir que formamos parte de un grupo, y en la vejez esa necesidad cobra un valor aún mayor. Compartir actividades con personas de la misma generación permite crear vínculos basados en experiencias comunes, comprenderse mutuamente y construir una red de apoyo que favorece el bienestar físico y emocional. Nada diferente de los que sucede en otras etapas de la vida.

El encuentro con pares es necesario siempre. Nos ofrece un espacio para conversar, intercambiar vivencias, reír, hacer nuevos amigos y sentirse acompañado.

Muchas personas, al llegar a la jubilación o tras la partida de los hijos del hogar o la pérdida de un ser querido, experimentan cambios importantes en su rutina. Integrarse a un grupo puede convertirse en una oportunidad para recuperar la vida social, fortalecer la autoestima y descubrir nuevos intereses.

Además, compartir con pares nos ayuda a derribar otro prejuicio muy extendido del que ya hablamos: que las personas mayores están solas o ya no tienen ganas de relacionarse. La realidad demuestra que, cuando existen espacios de encuentro, la participación suele ser muy activa y, de eso damos fe.

Estos grupos también funcionan como una red de contención. Entre compañeros se comparten consejos, se ofrecen palabras de aliento en momentos difíciles y se celebran los logros de cada uno. Esa compañía cotidiana puede marcar una gran diferencia en la salud emocional, disminuyendo la sensación de soledad y favoreciendo un envejecimiento más saludable.

Debemos aclarar que, pertenecer a un grupo de la misma edad no significa encerrarse en una "burbuja generacional". Por el contrario, brinda seguridad y confianza para luego seguir participando en otros ámbitos de la comunidad y relacionarse con personas de distintas edades. Los vínculos entre pares fortalecen la identidad, mientras que los encuentros intergeneracionales enriquecen la mirada de todos. Estos grupos son fantásticos, en ellos se mezclan las edades, las experiencias y, desde cada lugar todos crecen con todos en diferentes aspectos.

Formar parte de un grupo, en esta etapa de la vida y en todas las edades, es mucho más que ocupar el tiempo libre. Es encontrar un lugar donde sentirse escuchado, valorado y acompañado; donde cada historia importa y donde queda demostrado que nunca es tarde para hacer nuevos amigos, aprender, compartir y seguir disfrutando de la vida.

Sigamos viviendo esta etapa de la vida activamente con cosas que nos hacen bien al cuerpo y al alma.

Un abrazo



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