La muestra que une las técnicas, sensibilidades y lenguajes creativos de Jaime Clara y Juan Carlos Barreto sigue acumulando kilómetros. Hace unos nueve meses que salió a las rutas uruguayas y lleva escalas en centros culturales de unos cuantos departamentos. Y como los viajes (el geográfico y el artístico) no se detienen, desde este mes “Trazos compartidos” puede verse en Montevideo. Los artistas maragatos exponen ahora en la Sala de Los Fundadores de la Casa del Autor, sede de AGADU.

La muestra “Trazos compartidos” acaba de llegar a Montevideo. Los artistas maragatos exponen ahora en la Sala de Los Fundadores de la Casa del Autor (ubicada en Canelones 1130), sede de la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU).
Antes de arribar a la capital sus obras anduvieron en julio por la Sala de Exposición “Eduardo Saldain” de Rocha; en diciembre por la Casa de la Cultura de Minas y en enero por el Centro Cultural de La Paloma y “Manso Café” de La Pedrera.
En “Trazos compartidos”, Jaime Clara y Juan Carlos Barreto coinciden en adoptar al dibujo “como forma del ver el mundo” y unen sus recursos y potencial desde “la tinta, la memoria y la mirada propia”. Mientras el primero expone sus caricaturas periodísticas, el segundo exhibe sus servilletas intervenidas.
Siguiendo la huella de referentes como Hermenegildo Sábat y Aroxta, hace –aproximadamente- una década que Clara también asumió a la caricatura como un género periodístico. Cada mañana muchos uruguayos amanecen entre las noticias y sus ilustraciones. En esa primera inmersión en la web y sus redes, la actualidad informativa de Uruguay y el mundo adopta su mueca más feliz cuando irrumpen en escena los dibujos que publica a diario en su cuenta personal de “Facebook”, generalmente motivados por las efemérides. Así, entre trazos y breves reseñas, evoca a personajes de la política, la cultura y el deporte. Fue un proceso donde sus creaciones oscilaron entre el lápiz y papel y la pantalla del ‘iPad’.
Por su parte, Barreto hace más de veinte años, desarrolla un lenguaje artístico muy personal que habita en diminutos mundos de papel y tinta. Refugiado en los cafés de San José y el Uruguay, Barreto descubrió allí el territorio más propicio para dejarse llevar y viajar con su imaginación. Al dejar reposar el pocillo, su mano se libera sobre las servilletas, interviniéndolas e iniciando el viaje creativo mientras en la calle transcurre la vorágine cotidiana. Es ese espacio tan blanco, sencillo, acotado y cotidiano el que contiene las inquietudes artísticas que más lo identifican. Todo se origina allí cuando deja la cucharita junto a los sobres abiertos y arrugados de azúcar y toma la fibra que siempre lo acompaña. Allí baja a tierra todo cuanto flota en su imaginación para –simplemente- plasmar sus formas en ese marco endeble o bien para pasar a un segundo proceso de trazos y coloración en la computadora pero sin perder la esencia primigenia de la espontaneidad.
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